jueves, 30 de junio de 2011

Una semana llena de abrazos

Estos últimos días de junio han sido unos de los más tristes; con el fin de los exámenes llegan las despedidas; y con ellas... los abrazos, los "hasta pronto" o "pásalo genial" y también las lágrimas. 
Vivir en un colegio mayor conlleva la convivencia con más de un centenar de personas durante unos nueve meses; más de 250 días e infinitas de oportunidades para conocerlos mejor. Durante todo este tiempo se generan lazos muy estrechos con ciertas personas. Aparecen grupos que comparten algo más que una cena o una noche de fiesta. Llevo cuatro años, y salvo contadas excepciones ha sido éste cuando me he dado cuenta de todo esto. 
Con Edu en el patio del CMUSA
En septiembre entraron unos noventa "novatos" de diferentes carreras y procedencia. Con diferente forma de ser, gustos e ideas. Lo que no supe es que dentro de este conglomerado de personas iba a encontrar a 10 o 12 que me cambiarían la vida. 
Comencé el curso pensando que mi etapa en el Colegio terminaba en junio de 2011. Estaba convencido de que era el momento de independizarme y comenzar una nueva vida: piso nuevo, horarios nuevos; nuevas responsabilidades. Diez meses después me he dado cuenta de que estaba equivocado. Totalmente equivocado. Ahora sé que podría haber perdido, no un grupo de amigos, (que lo somos), sino una familia. Mercedes, Milagros, M. Luisa, Gema, Natalia, Sara, Carolina, Carlos, Eduardo y Alex me han cambiado; me han atado un año más a la habitación 31 (o la que tuviere el próximo curso). Ellos son los responsables (me alegro de que lo sean) de mi cambio. 
De tapeo en el patio

En el patio
Con ellos he compartido momentos alegres y otros más tristes. En ellos he encontrado un apoyo realmente importante durante este curso, que ha sido el más complicado hasta ahora. Resumiendo: en ellos he encontrado la parte que me faltaba a mi mismo. Son más que mis amigos. Son mi familia. Son parte de mí. 
A ellos les doy las gracias por las risas, por las lágrimas que hemos derramado juntos; por los abrazos, por escuchar; por demostrarme lo que realmente es la amistad. Y ¡cómo no!, también muchas gracias por las "broncas"; por hacerme caer en la cuenta de mis errores; por darme una nueva oportunidad de cambiar. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda. 
En la fiesta de clausura
Mercedes marchó a Mallorca; Mila a Santa Cruz de Mudela; Edu a Málaga; Sara a Salamanca; Carolina a Linares; Gema a Toledo; Carlos a La Mata; Natalia a Logroño; M. Luisa a Cuenca y Alex a Granada. Pero un trozo de ellos se queda conmigo para siempre. Algunos marchan a piso; otros nos quedamos en el colegio. Pero lo más importante es que la distancia no hará mella entre nosotros. Es más fuerte lo que nos une que los km que nos separan. 
Una semana de abrazos; de muchas lágrimas; de sinceros "te quiero"... Una semana en que las palabras más pronunciadas han sido "hasta el lunes", "hasta pronto", "te quiero" y "nos vemos pronto". No ha habido ningún adiós o hasta siempre... porque nos queda un verano por disfrutar antes de reencontrarnos en los sofás del San Agustin. Creo que será, si no el mejor, uno de los mejores veranos de nuestras vidas. Os quiero gente., 

miércoles, 29 de junio de 2011

Una despedida...

Os dejo aquí una canción muy triste, pero preciosa. Se titula "Te puedo escuchar" de Anahí:






Te marchaste sin aviso,
te busqué y no estabas ya,
el destino así lo quiso,
pero tu alma no se irá,
eras mi cómplice en los sueños,
sabíamos que un día,
unidos volaríamos.
sé que tus alas se quedan conmigo,
que desde el cielo 
tu abrazo es mi abrigo,
ángel divino me cuidas del mal,
sé que camino con tu compañía,
que con tu voz,
se me encienden los días,
aunque tu puerta hoy este mas allá,
te puedo escuchar,
te puedo escuchar.
Guardo el aire de tu risa,
que me da felicidad,
te recuerdo muy cerca de mí,
compartiéndome tu paz,
tanta alegría daba verte,
quererte no se olvida aun lecho de lágrimas.
Sé que tus alas se quedan conmigo,
que desde el cielo 
tu abrazo es mi abrigo,
ángel divino me cuidas del mal,
sé que camino con tu compañía,
que con tu voz,
sé me encienden los días,
aunque tu puerta hoy este mas allá,
te puedo escuchar,
te puedo escuchar.
En cada libro esta escrito tu nombre,
en cada verso te siento cantar,
tu mano me lleva directo a tu sombra,
yo se que una noche,
te voy a encontrar
sé que tus alas se quedan conmigo,
que desde el cielo tu abrazo es mi abrigo,
ángel divino me cuidas del mal,
sé que camino con tu compañía,
que con tu voz,
sé me encienden los días,
aunque tu puerta hoy este mas allá,
te puedo escuchar,
te puedo escuchar,
te puedo escuchar…
te puedo escuchar.

jueves, 16 de junio de 2011

Nuevamente la inspiración

Os dejo algo que escribí hace un par de noches; el prólogo de nuevos proyectos...

Fueron alrededor de un centenar y medio de cartas, escritas en las duras noches que pasé en Madrid; misivas escritas más con sufrimiento y lágrimas que con tinta y papel; escritas desde y en el fondo de mi corazón.
Nunca llegaron a su destinatario. Nunca entraron en un sobre; jamás supieron qué es un sello… Pero ahí están: en una cesta de mimbre de mi habitación esperando un futuro incierto, un lugar en el que yacer.
Son más que folios; más que palabras. Son sentimientos, fruto del dolor, de la desesperación, de la tristeza. Encierran secretos, confesiones que dan (más que vergüenza) miedo desvelar. Pero ya ha llegado el momento. Es imposible esperar más. Los gritos de agonía ya no pueden ocultarse…

“Una vez hubo una chica a la que amé; con todo el corazón; con toda mi alma. Su voz tranquilizaba el león que rugía incesantemente dentro de mí. Su mirada penetraba hasta lo más profundo de mi ser, haciéndome débil e indefenso. Sus labios provocaban que mi corazón latiera a todo correr y su presencia, simplemente su presencia, me hacía feliz.
Un día marchó; tomó sus cosas y me abandonó para siempre. Nunca guardé rencor, ni sed de venganza, ni odio… Lo único que sentía era amor. Un amor tan grande que llegó a hacerse indescriptible. No había palabra que pudiera definirlo.
Y aún lo siento. A pesar del tiempo y la distancia; a pesar de las lágrimas; a pesar del llanto. La quiero, porque ella llena cada segundo de mi vida. Porque es la que me sostiene, la que me da ganas de vivir, la que me hacía sonreír.
Por eso escribí estas cartas. Por eso llenaba los folios de palabras sinceras; no cabe confusión. En ellas no hay cabida para resentimiento; únicamente cupo amor. Encierran los secretos de un enamorado: sus sueños, sus metas, lo que sentía, lo que quería gritar a cielo abierto, pero que no podía…”

Tiempo después vuelven a cobrar vida esas páginas. Se abren de nuevo las heridas (que nunca llegaron a cicatrizar completamente) y renacen de sus cenizas los momentos más felices de mi vida: los que compartí con ella.
Algún día, en un futuro no muy lejano, conseguiré darles un destinatario; llevarlas al buzón en que debieron estar hace mucho… Pero ahora las dejo sobre mi mesa, para que seas tú quien se adentre en ellas. Tienes mi permiso.

jueves, 2 de junio de 2011

Symmetry of a song

Buscar más artistas como coffee&wine en Myspace Music


Os dejo una canción preciosa que escuché anoche por primera vez. Espero que os guste. ´

Tenerte a mi lado...

Anoche volví a soñar contigo mientras navegaba en el mar de lágrimas que manaba de mis ojos. Volví a recordar tu sonrisa, tus ojos, tus labios, tu voz... ese suave susurro que me hacía vivir cada díaa como si fuese el último.
Y de repente tomabas una maleta y comenzabas a alejarte de mí, sin siquiera despedirte;sin un adiós; sin un beso. Corría tras de ti y jamás lograba alcanzarte. Te perdía, lentamente, mientras tu sombra se desvanecía bajos los cipreses del Parque del Oeste...
Desperté sobresaltado, asustado... Y supe que no puedo vivir sin ti. Lo eres todo para mí: tu mirada ilumina mi camino mientras tus manos toman mi cintura para no descarrilar. Y a pesar de que hay curvas, nunca caigo... gracias a ti. Porque no me dejas solo a pesar de la distancia.
Tengo miedo, porque siento que, al no estar contigo, pierdo el tiempo tontamente porque las agujas de este reloj  marcan los latidos de mi corazón y mientras tú vas dando cuerda para que no deje de latir.
Sin ti... estoy perdido; navego a la deriva sin viento que me empuje ni timón que conduzca esta nave a su destino. Sin ti, me derrumbo, porque eres los cimientos, los pilares que sostienen, alimentan y fortalecen mi propia existencia.
Desperté... y sólo sabía articular un TE QUIERO en el silencio de mi habitación, roto por las gotas de lluvia que golpeaban mi ventana; marcado por el sollozo de un adolescente que te echa de menos. Encendí la luz y vi tu foto, y aquellas palabras que escribiste, y tu letra, y volví a escuchar tu voz; y volví a sentir la necesidad de TENERTE A MI LADO
Estés donde estés...TE QUIERO.