domingo, 29 de noviembre de 2009

Las voces que deben callar son aquéllas que nunca dicen nada

Hay veces en la vida que desearías estar en un valle remoto donde no haya cobertura, ni tuenti. Donde estés incomunicado, disfrutando de tí mismo sin necesidad de acudir a las cosas mundanas. Otras también lo deseas, no ya sólo por desconectar sino por dejar de oír voces que deberían callar.
A lo largo de la vida te das cuenta de que esas voces no merecen la pena; no merecen ni tu preocupación ni tu tiempo. Más bien merecen olvidarlas y dejar que el trascurso de las horas y los días hagan estragos en ellas y desaparezcan de la historia. No merecen la menor atención, siendo la ignorancia su mayor enemigo. Normalmente, esas voces están totalmente vacías; no poseen ningún significado, perdiendo instante a instante toda su esencia; son por si mismas, el vacío, la nada. Para unos significarán mucho, pero para otros nada.
Por otro lado también hay voces que debemos escuchar como el consejo de tu mejor amigo o la letra de una canción. En estas ocasiones podemos estar orgullosos de prestar nuestro oído y atención, ya que supondrá un enriquecimiento personal inimaginable. Estas palabras se escuchan y entran en lo más profundo de nuestro ser como si se tratara de una melodía. Esas notas van formando un compás tras otro hasta componer la obra más maravillosa. Estas son las que merecen la pena; son aquellas cuyo significado posee gran contenido; poseen esa esencia necesaria para que el tiempo no les afecte y perduren en nuestro corazón para siempre.
Por eso a esas voces vacías les aconsejo callar; dejar de invadir la vida de personas inocentes que quieren vivirla siendo felices y despreocupándose de cosas vanas e innecesarias; y por supuesto, a todas aquellas que merecen la pena; seguiz hablando, no durmáis porque de vosotras depende el futuro de todos. Alzad el tono, gritad si fuere necesario con tal de silenciar, no voces, si no más bien ruidos imperfectos de la naturaleza humana.

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