lunes, 30 de noviembre de 2009

El valor de un amigo

Los hombres, por su naturaleza son seres sociables que necesitan relacionarse con los demás. El ser humano posee una característica innata para hacer esto realidad. No hay nada más que ver a un niño de pocos años recién llegado a la guardería. Aunque en un principio puede ser algo tímido, en seguida, y gracias a un juguete (por ejemplo) se relaciona con otro y en pocos minutos son los mejores amigos, aunque no lo conociera de antes.
Conforme van pasando los años vas conociendo a otras personas; posees tu propio grupo de amigos, más o menos grande, pero siempre hay uno o dos con los que más hablas, confías, eres más natural. Amigos tenemos muchos, pero personas en las que verdaderamente confiemos, pocas. Y eso es también natural. No vamos contando nuestros problemas más personales a cualquiera, sino que, con el paso del tiempo sabes quién es la persona adecuada; con la que puedes hablar sin temores, la que nunca te va a traicionar, (o como decimos ahora, que “no te va a dar la puñalada en la espalda”).
Desgraciadamente quedan pocas personas así. Ahora triunfa el “estoy contigo porque me interesa”. Es decir, las relaciones afectivas entre las personas no surgen por un vínculo especial, de amistad verdadera, sino que se desarrollan gracias a un hilo conductor: el puro interés. Y siempre pasa: en el momento en que no me sirves me olvido para siempre de ti; ya no te hablo etc. Hay que huir de estas situaciones y establecer unos vínculos humanos sinceros y auténticos; que no se basen en el interés, sino en el cariño, la amistad per se…

Un amigo siempre estará ahí para cuando lo necesites. Si lloras, llorará contigo; si ríes, se alegrará por ti. Cuando necesites consejo, te prestará tus palabras. La amistad significa dar todo lo que tienes dentro sin esperar nada a cambio. Esa es otra característica de un amigo de verdad: su altruismo, su gratitud, su respaldo, su atención… Cuando te encuentras en unos momentos en que no sabes qué camino tomar; cuando está todo oscuro y no ves la salida; allí está para tomarte de la mano y guiarte poco a poco; de esta forma sales del bache, y encima te fortaleces.
La amistad es uno de los mayores regalos que posee la humanidad. Y con el corazón en la mano os digo que no podemos vivir sin ella. Cada día debemos dar gracias por tener a esa persona especial en nuestra vida; sin ella lo más posible es que nada fuera como en realidad es. Por eso debemos de cuidar y cultivar día a día esa amistad; así en un futuro, echaremos la vista atrás y contemplaremos el duro camino de la vida; pero junto a nuestros pasos, siempre me acompañan los suyos; no dejándonos nunca desfallecer.
Y aquí va un agradecimiento muy especial a mis mejores amigos; algunos novatos; otros con los que ya he compartido muchos años; debo decir que los ánimos y buenos consejos de uno de ellos, existe este blog; ¡Gracias a todos!

domingo, 29 de noviembre de 2009

Las voces que deben callar son aquéllas que nunca dicen nada

Hay veces en la vida que desearías estar en un valle remoto donde no haya cobertura, ni tuenti. Donde estés incomunicado, disfrutando de tí mismo sin necesidad de acudir a las cosas mundanas. Otras también lo deseas, no ya sólo por desconectar sino por dejar de oír voces que deberían callar.
A lo largo de la vida te das cuenta de que esas voces no merecen la pena; no merecen ni tu preocupación ni tu tiempo. Más bien merecen olvidarlas y dejar que el trascurso de las horas y los días hagan estragos en ellas y desaparezcan de la historia. No merecen la menor atención, siendo la ignorancia su mayor enemigo. Normalmente, esas voces están totalmente vacías; no poseen ningún significado, perdiendo instante a instante toda su esencia; son por si mismas, el vacío, la nada. Para unos significarán mucho, pero para otros nada.
Por otro lado también hay voces que debemos escuchar como el consejo de tu mejor amigo o la letra de una canción. En estas ocasiones podemos estar orgullosos de prestar nuestro oído y atención, ya que supondrá un enriquecimiento personal inimaginable. Estas palabras se escuchan y entran en lo más profundo de nuestro ser como si se tratara de una melodía. Esas notas van formando un compás tras otro hasta componer la obra más maravillosa. Estas son las que merecen la pena; son aquellas cuyo significado posee gran contenido; poseen esa esencia necesaria para que el tiempo no les afecte y perduren en nuestro corazón para siempre.
Por eso a esas voces vacías les aconsejo callar; dejar de invadir la vida de personas inocentes que quieren vivirla siendo felices y despreocupándose de cosas vanas e innecesarias; y por supuesto, a todas aquellas que merecen la pena; seguiz hablando, no durmáis porque de vosotras depende el futuro de todos. Alzad el tono, gritad si fuere necesario con tal de silenciar, no voces, si no más bien ruidos imperfectos de la naturaleza humana.